Ph: Maria Lourdes Peyrenge

Por Jaqui Ramirez

Hay obras de teatro que se ven, y hay obras de teatro que se respiran. Respirar. Bitácora escénica en un acto, es una propuesta que va mucho más allá de la representación tradicional para convertirse en un ritual compartido, una experiencia sensorial y un abrazo colectivo de cuidado. En lo personal, asistir a esta obra fue una experiencia profundamente emocionante, de esas que te conmueven el cuerpo y te dejan vibrando en una sintonía diferente.
​Para entender el latido detrás de este conmovedor biodrama, conversamos con su creadora y protagonista, Pilar Ruiz. Actriz, dramaturga, directora, docente y productora, Pilar se anima en este proyecto a un verdadero salto al vacío: tomar su propia historia clínica y biográfica para transformarla en un manifiesto luminoso de celebración de la vida.
​En esta charla íntima, nos cuenta sobre su mutación artística, el desafío de poner el propio cuerpo en escena a través del archivo personal y por qué, en tiempos de tanta fragilidad, el teatro sigue siendo un refugio.

Jaqui Alerta Cultural-¿Cómo empezó tu recorrido en el mundo de las artes y en qué momento sentiste que el teatro iba a ser el lenguaje definitivo para expresar tu mundo interno?

A los 12 años fui por primera vez a una clase de teatro y nunca más dejé. Recuerdo a esa edad, haberle dicho a un primo, que lo bueno de haber descubierto el teatro era que, por más que creciera, ya nunca iba a dejar de jugar.

El teatro es, por sobre todas las cosas, un espacio de juego con otros y otras. Quienes actuamos, dirigimos y escribimos teatro tenemos el privilegio de convivir con una disciplina que habilita y necesita de la actitud lúdica: imaginación, cuerpo presente, vinculación con otros, palabra y más. Todo eso se traduce en un lenguaje artístico que vehiculiza, entre muchas otras cosas, nuestro mundo interno atravesado por el contexto. Esta simpleza y a la vez complejidad de nuestro hacer, no tengo bien en claro cuando la supe, pero es lo que hizo, que hasta el día siga eligiendo las artes escénicas, como modo vida.

 

-¿Cómo fue mutando tu relación con la escena a lo largo de los años hasta llegar a este presente?

Para mí, la matriz es la actuación. Primero soy actriz. Actuando entré al universo de las artes escénicas. Luego, me formé como docente, de Actuación, en la UNA y amplié el campo de acción, digamos. En paralelo, empecé a estudiar dramaturgia, mi primer taller fue con Mauricio Kartun en el 2011, luego cursé la Maestría en Dramaturgia en la UNA. Escribir teatro se volvió una de mis grandes fascinaciones hasta el día de hoy.

A lo largo de los años, en la práctica docente con adultxs aprendí a descifrar qué hace un cuerpo cuando actúa y qué necesita para desplegar lo que demanda la escena. La experiencia docente sumado a una mirada estética y un posicionamiento ético sobre el teatro que me interesa y me convoca artísticamente, más, el afán de poner en escena las obras que tenía escritas, me llevó a empezar a dirigir. Esto fue en el 2014, con la obra “En el Fondo”. Todo esto, sumado a estrenar las obras, en el contexto de producción en el que trabajamos la mayoría de lxs hacedores escénicos, hizo que entrara en el campo de la gestión. También soy la productora de mis obras. Y, como si no bastara, en paralelo quise estudiar el mundo de la performance y cursé la Maestría en Teatro y Artes Performáticas de la UNA, entre el 2019 y el 2021.

De la misma forma que, a lo largo de los años, me permití ampliar el campo de prácticas y roles, guiada por el deseo, por preguntarme qué quiero ahora y hacer foco en eso cada vez, hoy en día estoy abierta a seguir permitiéndome esas expansiones y mutaciones en relación con los tipos de teatralidad, medios para la actuación, formatos de escritura, etc. No sé qué voy a querer mañana y cómo lo voy a querer. No sé qué va a solicitar de mí el próximo proyecto, estoy abierta a que todos sea posible. Por ejemplo, después de seis proyectos teatrales de ficción total, estrenados como directora y dramaturga, quise estrenar un material que está en los bordes de la performance, el teatro documental y autobiográfico, que es “Respirar…”. Y me lo permití. Ojalá mañana lleguen proyectos que me sigan invitando a la novedad, en mi propio camino.

-Respirar. Bitácora escénica en un acto, el texto nace de tu propia historia clínica y biográfica. ¿En qué momento la necesidad de contar dejó de ser una ficción para transformarse en este biodrama tan personal? ¿Cómo fue ese salto de resguardarse y poner el propio cuerpo en escena?

Me gusta tomarme un tiempo entre proyecto y proyecto. Había estrenado “Aire de Montaña” en a comienzos del 2022 y decidí pausar la producción de nuevos materiales. Recién a fines del 2023, más de un año después, comencé a ensayar “Respirar…” Creo que, en ese vacío de producción, en esa detención pude abrirme a la pregunta: ¿qué quiero hacer realmente ahora? Me tomé un tiempo para respondérmela con honestidad y ahí apareció la necesidad de este proyecto, “Respirar…”. También creo que esta obra llega en un momento de una maduración personal y profesional muy grande, tanto como directora y dramaturga, aunque nunca había trabajado con material biográfico. Tenía ganas de probar algo nuevo en esas áreas. Y, a la vez, hacía mucho que no actuaba y se encendía en mí un fuerte deseo de volver a estar en escena. Tomé este proyecto como un desafío después de una pausa artística. La decisión de hacerlo fue un salto al vacío por tomar material de mi propia historia para contarlo, por volver a actuar, por apostar a una dramaturgia de archivo y documental, por la mirada performativa en el trabajo de dirección. Todo fue abismo y aún lo sigue siendo. ¡Celebro los saltos al vacío!

-La obra es una experiencia muy sensorial desde el momento en el que el espectador entra: la luz tenue, la invitación a tomar un té…. ¿Cómo fue el proceso de diseñar esa atmósfera de “cuidado” y ritual compartido?

Con el equipo de dirección, nos interesaba que la obra sea una experiencia, tal como lo nombras. Para que eso suceda, trabajamos mucho en pensar el cómo contar lo que queríamos contar. Llegamos al dispositivo escénico que hoy configura la obra a través de mucha prueba y error. En los ensayos, fuimos descubriendo cómo las materialidades (los objetos, la disposición espacial, la sonoridad, el trabajo multimedia, las texturas lumínicas, la amplificación de la voz, etc.) armaban un campo de percepción que nos invitaba a entrar en un tiempo y espacio otro. La obra intenta, con todos sus procedimientos, la reunión (algo tan necesario en estos tiempos) y desanestesiar los sentidos para dar lugar a una experiencia del presente, el acontecimiento. Nos interesa que la obra genera, al menos una pequeña conmoción, en el sentido epistemológico de la palabra con-mover: poner en movimiento alguna emoción.

Pilar Ruiz al final de "Respirar"

Pilar Ruiz al final de “Respirar”

-En la obra pasas por la quietud, la respiración profunda frente al micrófono y la catarsis pura. ¿Qué significa para vos el movimiento y la danza en esta obra? ¿Sentís que el teatro funciona hoy como “ese lugar” donde tu cuerpo finalmente puede nadar a sus anchas y sin límites?

La obra aborda el ritmo como una de sus materialidades más potentes. Hay un trabajo muy consciente, desde la dirección, de cuánto y cómo componen los silencios, las variaciones respiratorias, los textos vertiginosos, así como la quietud, los movimientos precisos y pausados hasta los movimientos más disruptivos y veloces.

Cada gesto, movimiento que hago en la obra, desplegados por mi cuerpo, dicen más de mi historia, que mi propia biografía. Dicen aquello que las palabras no logran nombrar. Por tanto, mi cuerpo en escena también está narrando y en ese acto se expande. Como vos decís, nada a sus anchas.

En la obra expones de manera muy valiente las cicatrices, las infancias en hospitales y la red de contención afectiva. Lejos de pararse desde el lugar de la víctima, Respirar se siente como un manifiesto de celebración. ¿Cómo se trabaja desde la dirección y la actuación para que el dolor no paralice, sino que se transforme en pura pulsión vital y ofrenda para el espectador?

Hay un trabajo muy claro de distanciamiento, tanto desde la actuación como desde la mirada de la dirección. Ese distanciamiento es posible, en primer lugar, porque hay una distancia grande temporal entre el presente y los acontecimientos que se cuentan. Eso me permite tener otra perspectiva sobre aquello que dolió. En este punto, me gusta mucho esa frase que refiere a las cicatrices y dice: “aquí dolió, aquí sanó”.

Por otro lado, el spoiler más grande de la obra es que estoy ahí, presente. Con todo el equipo de dirección trabajamos para alejarnos de la posible imagen de victimización que podía dar lugar la obra. La potencia más grande, es mi cuerpo vital abriéndose y compartiendo con otres lo vivido. Pienso que, de algún modo se celebra la vida.

-El año pasado desde Alerta Cultural acompañamos la obra y este año continúa en cartel (en Sala de Máquinas y girando por otros espacios). ¿Cómo resuena en vos hacer esta bitácora hoy en día? ¿Cambió en algo tu propia percepción de la obra o de tu cuerpo después de tantas funciones y del feedback que te devuelve la gente?

¡Ya pasamos las 40 funciones, increíble! Hoy en día, gracias a hacer la obra tantas veces, me siento más segura con cuestiones técnica y eso me permite estar más permeable y expansiva en el presente escénico. Todas las funciones son muy distintas porque el público cambia. Trabajar en relación tan directa con el público es un lindo desafío. Hago un trabajo muy minucioso de encontrarme con la mirada de los espectadores, tomar lo que me trasmiten y que desde ahí vaya deviniendo un momento tras otro. Intento tomar eso que pasa en el presente de la escena y no automatizar, no resolver es una practica activa y constante.

-Para cerrar, y retomando esa frase que tanto nos movilizó de que “el arte es otra forma de respirar”: ¿Qué le dirías a alguien que está pasando por un momento de mucha fragilidad física o emocional y está dudando de si volcarse o no al arte como refugio?

A alguien que está pasando por un momento de muchas fragilidad y vulnerabilidad, le diría que haga, al menos un por, todos los días de aquello, no productivo, que ama. Si eso es alguna actividad artística, bienvenido sea. Le diría que haga algo que lo ocupe, le demande involucrar el cuerpo, le guste, le de identidad y le implique, por sobre todas las cosas, el encuentro con otros y otras. Para mí, en gran parte, el teatro es refugio porque nunca nos deja en soledad.

Pilar Ruiz retratada por Maria Lourdes Peyregne.

Pilar Ruiz retratada por Maria Lourdes Peyregne.


​Quedan muy pocas certezas en este mundo, pero una de ellas es que el arte cura y nos salva de la intemperie. Respirar. Bitácora escénica en un acto no es solo una obra de teatro; es una cita con nuestra propia sensibilidad, un recordatorio de que las cicatrices también son mapas de supervivencia y celebración. Con más de 40 funciones encima y una entrega absoluta de Pilar, este acontecimiento escénico sigue conmoviendo corazones.
​Si estás buscando una experiencia teatral que te movilice no te podés perder las funciones en Sala de Máquinas y en sus distintas paradas de gira.