Por Jaqui Ramirez
Las calles de La Boca amanecieron cubiertas por esa densa neblina que, casi como un ritual anual, anticipa la llegada del invierno. El paisaje del Riachuelo se desdibujaba entre el gris del cielo y el contorno de los viejos conventillos, dándole al barrio una atmósfera de nostalgia y mística. En esa postal perfecta nos recibió Miguel Di-Meo en su casa. Entre mate y mate, la charla fluyó con la naturalidad de quien abre las puertas no solo de su hogar, sino de su propia historia; una vida profundamente entrelazada con el pulso, las murgas, los bomberos y la identidad boquense.
Alerta Cultural: Contanos cómo empieza tu historia en La Boca.
Miguel Di-Meo: Bueno, yo nací en California 948, después me muda a 8
California 834, entre Garibaldi y Carlos F. Melo, a la vuelta del cuartel de bomberos. Ahí es donde me hice bombero voluntario, por la cercanía que tenía con el cuartel. En ese lugar pasé toda mi infancia; mis estudios los hice en el colegio Berrutti. A esa edad ya trabajaba como ayudante hasta las 11 de la mañana en un almacén. Cuando terminaba, salía corriendo del trabajo, venía a casa, me cambiaba y a las 12 ya me iba para la escuela.
- Ph: Osvaldo Tacconi
AC: ¿Era común que a esa edad los chicos trabajaran?
Miguel: Sí, a los 14 años ya saqué la libreta de trabajo. Desde esa edad empecé; era un lugar donde hacían cabezas de plástico para sifones. Es decir, arranqué a laburar desde muy chiquito.
Lo que más recuerdo de la infancia son los carnavales, eran una cosa de locos. A la vuelta de casa había un corso, donde me sacaron mi primera foto. En esa época no había celulares ni tantas cámaras. En la foto estoy disfrazado de linyera junto a la agrupación La Grasería, que salía de enfrente de la plaza, en Irala y California.
Después me fui a Como Salgo, en la Isla Maciel, que para mí fue la más grande de todas.
AC: O sea que desde chico ya incursionaste en el mundo de las comparsas…
Miguel: Sí, en Como Salgo estuve siete años. Todos los muñecos y las cosas grandes las cruzábamos en el Puente Transbordador por lo pesadas que eran.
Me acuerdo de una noche con un “loco lindo” de la Isla que se llamaba Colombino, de la plaza 3 de Febrero. Se le ocurrió armar una guillotina: salimos todos vestidos de verdugos y llevábamos la guillotina con un muñeco que tenía la cabeza cortada. Cuando llegamos a la Avenida Almirante Brown, terminamos todos en la comisaría 24. Quedamos presos y pasamos la noche adentro.
AC: ¿Y cómo siguió tu camino en el barrio después de esa época?
Miguel: En 1983, ya en democracia, Cirilli y el papá de Gustavito sacaron la agrupación Unión Boquense. Tuvieron tanta mala suerte que un día antes de salir, él falleció. Ante eso, se juntaron todas las agrupaciones del barrio y salieron juntas en ese carnaval.
Unión Boquense ingresaba por Olavarría, que en ese momento era “la Florida de La Boca”; era el mejor corso de todos. Ese mismo día, un pibe me esperó en las vías y me dijo que quería armar una murga conmigo. Nos pusimos de acuerdo junto con Los Galanes de Laprida, una murga de Avellaneda, y el 14 de abril de 1984 fundamos Los Xeneizes, que vienen a ser los abuelos de Los Amantes de La Boca.
Para 1985, salían Los Xeneizes de Melo y Olavarría por un lado, y del otro Los Nenes de Suárez y Gaboto. Éramos los dos grupos más grandes y generamos una amistad hermosa.
- Fotos del archivo personal de Miguel Di-Meo
AC: ¿Cómo nacen Los Linyeras en tu vida?
Miguel: Ellos nacieron el 15 de noviembre de 1951. Yo conocí a Hector “El Lechero”, que me invitó a unirme. Él me llevó al grupo Nacidos y Criados en La Boca y en 2019 finalmente me sumé a la agrupación. Fui a los primeros ensayos que se hacían en lo de Napo y me enganché enseguida.
Actualmente soy el tesorero. Me quisieron dar la dirección después de que se fue Napo, pero les pedí que se la dieran a los más jóvenes. El director actual es Juancito, que la rompe tocando la trompeta, y Claudia es la secretaria. Todo el archivo y los materiales de la murga están guardados en mi casa. Mi señora me ayuda en todo; para mí esto es un gran pasatiempo y mi hobby absoluto.
AC: El carnaval tiene mística, algo muy especial…
Miguel: Sí, te tiene que gustar de verdad. A mi hijo se lo quise inculcar de chico, lo saqué en Los Xeneizes y sumé a toda la familia, pero con él no funcionó (risas).
Imagínate lo que son los Bomberos para mí que me casé en el cuartel en 1978. Ahí hice todo: festejé mis 18 años, mi compromiso, mi casamiento y hasta me escoltaron los mismos bomberos.
- La entrevista, a través de la lente de Osvaldo Tacconi, quien capturó cada momento.
AC: ¿Cómo fue tu ingreso a los Bomberos y tu paso por las fuerzas?
Miguel: Primero hice la colimba en la Marina, que era mi sueño. Me tocó en la policía militar, en la sección de perros. Cuando salí del servicio, me metí de lleno en los bomberos. En 1976 ingresé a la policía de tráfico ferroviario, pero en un momento dado empezaron a matar policías para robarles la chapa y la pistola 45. En ese entonces se creó la brigada antisubversiva y me destinaron ahí. La pasé muy mal: estuve en dos tiroteos y se me murieron dos amigos en los brazos. En 1980 me dieron el retiro.
AC: Para cerrar, ¿cómo ves a La Boca hoy en día?
Miguel: No veo mucho cambio, pero sí en la gente. Hay muchas personas nuevas que no saben lo que era este barrio antes. En las fiestas salíamos todos a la calle con las mesas y se sumaban todos los vecinos: el que podía traía algo y el que no, no importaba. La idea era comer y compartir; tu vecino era el primer familiar que tenías a mano. Eso se terminó.
No le echo la culpa a la gente que viene de afuera o de otros países, sino a que no están acostumbrados a la identidad de acá. Antes había tanos, gallegos, gente del interior… éramos todos una gran familia de laburantes. Además, se nota que La Boca no recibe ayuda de nadie; hay que pintar Caminito, mantenerlo a pulmón. Es como si quisieran tirar abajo la identidad de La Boca.

Miguel Di-Meo, en primer plano. Foto: Osvaldo Tacconi.
Afuera, la neblina empezaba a disiparse lentamente, dejando ver el andar de los colectivos sobre Almirante Brown y los ruidos cotidianos de un barrio que nunca se detiene. Adentro, el termo quedaba vacío, pero el ambiente seguía tibio con la calidez de los recuerdos compartidos. Miguel Di-Meo se despide con una sonrisa, con esa humildad de los grandes que custodian la memoria colectiva sin buscar laureles, dejando en claro que mientras queden murgas ensayando en las esquinas y vecinos dispuestos a defender su historia, el verdadero espíritu de La Boca seguirá resistiendo a pulmón.
- Miguel Di Meo junto a Los Linyeras de La Boca durante su presentación del 25 de mayo de 2026 en el Salón Social de los Bomberos Voluntarios. Foto: Jaqui Ramirez / Alerta Cultural.












