Por Florencia Aroldi

Hay obras que el tiempo no desgasta, sino que vuelve más filosas. No hay que llorar, de Roberto “Tito” Cossa, es una de ellas. En esta segunda temporada, con dirección de Lizardo Laphitz, en el Teatro Arriba, el clásico recupera toda su vigencia para volver a interpelarnos desde una pregunta profundamente argentina: ¿qué estamos dispuestos a hacer para dar ese ansiado “paso al frente”?

La acción transcurre durante el festejo de los 80 años de Luisa. Sus hijos, acompañados por sus respectivas parejas, se reúnen para celebrar el cumpleaños. Pero la reunión familiar pronto deja al descubierto viejos rencores, frustraciones, mezquindades y la eterna tensión que provoca el dinero. Cada personaje carga con su propia ilusión de progreso: el hermano que parece haberse “salvado” viviendo en Cipolletti, el matrimonio que busca mejorar su situación económica, las pequeñas especulaciones cotidianas y esa fantasía tan nuestra de enriquecerse sin esfuerzo, de convertirse en patrón gracias al trabajo ajeno.

Cuando la salud de la madre se convierte en el centro de la escena, afloran los verdaderos intereses de cada uno. Lo que parecía una celebración familiar se transforma en un retrato implacable sobre la ambición, la hipocresía y los vínculos atravesados por la necesidad. Cossa construye una comedia feroz donde la risa nunca deja de tener un sabor amargo, y en la que el gran secreto que guarda Luisa anticipa la complejidad de ese universo familiar que pocos años después alcanzaría una de sus expresiones más memorables en La Nona.

La dirección de Lizardo Laphitz encuentra el tono justo para potenciar la escritura de Cossa, equilibrando con precisión el humor, la tensión y el costado profundamente humano de los personajes. La puesta fluye con ritmo, sostiene el suspenso y permite que cada conflicto encuentre su lugar sin perder la naturalidad de los vínculos.

El elenco responde con enorme solvencia. Matías Filgueira, Alejandra Oteiza, Marian Morelli, Noelia Lee y Nicolás Mirrahi construyen personajes reconocibles, cercanos, capaces de reflejar esas contradicciones familiares que todos identificamos.

Pero merece un párrafo aparte Silvia Villazur. Dueña de una trayectoria admirable, vuelve a demostrar por qué es una de las grandes actrices de nuestro teatro. La hemos visto deslumbrar en Como si pasara un tren, Las vengadoras, El declive y Solo llamé para decirte que te amo, entre muchos otros trabajos teatrales y audiovisuales. Su interpretación de Luisa conmueve por su precisión, su humanidad y la profundidad emocional que imprime al personaje. Villazur posee esa cualidad excepcional de las grandes intérpretes: emociona sin excesos, sostiene el misterio hasta el final y convierte cada silencio en una escena. Es una actuación de antología, de esas que justifican por sí solas la entrada al teatro.

Esta nueva temporada de No hay que llorar confirma que los grandes clásicos nunca dejan de dialogar con el presente. Porque las obras de Roberto Cossa siguen hablándonos de nuestra identidad, de nuestras miserias, de nuestros sueños y de esa forma tan argentina de debatirnos entre la solidaridad y el individualismo. Una puesta inteligente, un elenco sobresaliente y una actuación inolvidable de Silvia Villazur hacen de esta versión una cita imprescindible para quienes aman el mejor teatro argentino.


Ficha técnica

Actúan: Matias Filgueira, Noelia Lee, Nicolás Mizrahi, Marian Morelli, Alejandra Oteiza, Silvia Villazur

Vestuario: Alicia Guma

Escenografía: Ariel Garcia

Diseño gráfico: Ezequiel Caziano

Asistencia De Producción: Luciana Fernández

Asistencia de dirección: Daniel Sanchez

Producción general: Altas Gafas Producciones

Dirección: Lizardo Laphitz

TEATRO ARRIBA: Honduras 4753, CABA / Funciones: Sábado – 19hs – Hasta el 25/07/2026.