Casa Suiza. Ph: Gian Paolo Minelli

Por Jaqui Ramirez

El pasado sábado 25 de abril, el barrio de La Boca vibró con una nueva edición de “Abre La Boca”. Fue una jornada donde el mapa del barrio se transformó en un recorrido de puertas abiertas entre museos y galerías, pero el verdadero pulso de la tarde se sintió en la Casa Suiza. Este lugar no es solo un edificio emblemático; funciona como un ecosistema vivo donde artistas suizos aterrizan por unos meses para intentar descifrar nuestra identidad y traducirla a su propio lenguaje.

Durante esta jornada, que atrajo a una gran afluencia de público, los residentes Jeremy Dafflon, Boris Loretan y Ragna Sauter abrieron sus estudios para dejarnos entrar en ese espacio sagrado donde la precisión europea se mezcla con la mística boquense. Fue una oportunidad única para charlar con ellos y entender sus procesos: entre el olor a pintura fresca y los bocetos, se podía ver cómo los rastros del barrio —sus chapas, sus colores y su gente— ya se habían filtrado en sus creaciones.

Retratos de Identidad por María Lourdes Peyrengue

Un componente esencial de la experiencia fue el registro visual de María Lourdes Peyrengue. Su lente no solo capturó las obras terminadas, sino la esencia misma de este intercambio cultural. Mientras charlábamos con los artistas —quienes de manera muy cálida nos contaron sus procesos en un español que, para mi sorpresa, resultó impecable—, Lourdes lograba humanizar la figura del “artista residente”.

A través de sus retratos, nos muestra a los creadores en su micromundo artístico, capturando ese diálogo entre su bagaje suizo y la magia que emana de las paredes de la casa. Esas miradas conectan el rostro del creador con el alma de una producción que hoy construye una nueva capa de la cultura boquense (y que ya está dando mucho que hablar en la comunidad de Alerta Cultural).

El arte que nos habla

Desde piezas que reinterpretan la cotidianeidad del barrio hasta propuestas contemporáneas audaces, la Casa Suiza mostró una diversidad técnica admirable. Lo que vimos no fue solo “arte para mirar”, sino un testimonio de cómo un artista puede venir de otro continente y, en pocos meses, demostrar una generosidad absoluta para compartir su visión de igual a igual con el vecino.

“Abre La Boca” nos recordó que la cultura no se trata de fronteras, sino de habitar los espacios. ¡Gracias a todos los que hicieron de este 25 de abril un día inolvidable! Ahora, nos queda esperar con ansias la próxima edición.