Por Jaqui Ramirez
En días donde el aire de la música se sentía espeso, habitado por la tristeza de saber que el Indio Solari se bajaba para siempre de los escenarios, el refugio fue, como de costumbre, la melodía compartida. En ese contexto de duelo popular y de guitarras de luto, la llegada de Música para Volar a la Capital Federal no fue un concierto más: fue el homenaje necesario, el ritual que el cuerpo pedía para transmutar la pérdida en celebración.
El cuarteto rosarino trajo consigo una propuesta que es, a la vez, máquina del tiempo y caricia al alma. José Matteucci en batería y voz, Alexis Thompson en guitarra, Julieta Sciasci en bajo y voz, y Bruno Moreno en piano y arreglos, no buscan la copia exacta; persiguen la esencia. Junto a un ensamble de cuerdas y vientos, logran una fusión que en los papeles parece impensable, pero que en el escenario se convierte en pura orfebrería emocional.
- Música para Volar en Niceto Club.. Ph: Maria Lourdes Peyregne.
Su propuesta es un puente hacia esos himnos eternos de Gustavo Cerati, Charly García o Fito Páez; esas canciones que nos acompañaron en las buenas y en las malas, y que por los caprichos del destino o del tiempo, a veces no pudimos abrazar en vivo. Ellos las devuelven vivas, intactas y respetadas desde la primera hasta la última nota.
Pero el concierto no se desató solo desde el escenario; la verdadera magia se completó abajo. Desde los primeros acordes, el público, que vivió el show de pie y bien pegado al escenario, conectó de inmediato. Las gargantas se unieron en un solo coro que abrazó cada tema y la gente bailó sin parar, transformando el lugar en una marea en constante movimiento. Hubo una comunión total: los músicos tocando con un respeto sagrado por la obra, y la gente respondiendo con el cuerpo a cada estímulo, cantando cada letra como propia.
Y vaya si lo lograron. Hacia el final, toda esa energía contenida estalló. El baile colectivo dio paso a un pogo encendido, una muestra de esa intensidad tan visceral y única que caracteriza al público argentino cuando le tocan las fibras más íntimas.










