Por Brenda Rebelles
En el corazón de San Cristóbal, entre luces tenues y el rumor de las conversaciones previas al inicio, el espacio de Galpón B se transformó por unas horas en refugio emocional. Allí tuvo lugar Experiencia Canta Cuenta, un encuentro donde la palabra y la música dejaron de ser disciplinas separadas para convertirse en una misma.
La propuesta formó parte de una gira realizada durante mayo en distintos espacios culturales desde el 15 de mayo en Pergamino, en La Yerta; el 16 de mayo en Escobar, en Materia Gris CC; el 17 de mayo en Berisso, en Raíces del Dawson; y finalmente el 17 de mayo por la noche en CABA, en Galpón B.
Sobre el escenario, Juan Solá no leyó simplemente fragmentos de Microalmas y Épica Urbana, los habitó. Cada cuento parecía dicho desde un lugar íntimo, como si en vez de un auditorio hubiera enfrente una sola persona escuchando. Su voz, cargada de ternura y crudeza, iba construyendo escenas reconocibles: madres agotadas, amores rotos, cuerpos vulnerables, personajes que sobreviven más de lo que viven. Historias mínimas que, justamente por eso, terminan siendo enormes.
Pero la experiencia no descansaba únicamente en la literatura. A su lado, El Alemán aportaba la respiración musical de la noche. Con guitarra y sensibilidad precisa, intervenía entre relatos y poemas como quien entiende perfectamente cuándo abrazar el silencio y cuándo romperlo. Sus canciones no acompañaban, dialogaban con los textos. A veces funcionaban como respuesta, otras, como una continuidad inevitable de aquello que Juan cababa de nombrar.
Y entonces ocurría algo extraño y hermoso: el público pasaba de la carcajada al nudo en la garganta en cuestión de segundos. Porque ambos artistas manejaban con naturalidad ese equilibrio tan difícil entre el humor cotidiano y la emoción más profunda. Se reían de las miserias humanas sin burlarse de ellas. Hablaban del dolor sin solemnidad. Había ironía, pero también mucha compasión.
En varios momentos, la sala quedó suspendida en silencios densos, de esos que solo aparecen cuando alguien logra decir exactamente aquello que otros no saben cómo poner en palabras. Después llegaba una risa colectiva, liberadora, casi necesaria.
La noche en Galpón B no fue únicamente un espectáculo literario-musical. Fue una ceremonia pequeña y urbana donde la gente entró como espectadora y salió un poco más tocada, un poco más humana.

Juan Solá y El Alemán con su Experiencia Canta Cuenta. Ph: Brenda Rebelles.

