Por Jaqui Ramirez

Hay propuestas teatrales que no buscan complacernos desde el entretenimiento tradicional, sino sacudirnos y proponernos una experiencia distinta, donde el mayor valor no está en la digestión rápida de la historia, sino en la reflexión que nos acompaña al salir de la sala. El sábado, bajo la luz amable de las dos de la tarde —un horario idóneo que invita a la pausa y a la contemplación sin la prisa de la noche—, la Casa de la Cultura abre sus puertas para La Casa de Monkey Island, una coproducción del Goethe-Institut (junto a Fundación Medifé y Fundación Andreani) en el marco del programa Pausar la IA.

La arquitectura física del edificio sostiene la escena con una calidez particular, ofreciendo un contraste bellísimo con la frialdad intangible del tema que nos convoca: la tecnología no solo como herramienta, sino como arquitectura invisible de nuestras vidas.

 

Nacida del encuentro entre la dramaturga alemana Rebekka Kricheldorf y la directora argentina Monina Bonelli —y codirigida por Juan Branca—, la pieza invita al espectador a habitar un espacio atípico. En escena, un grupo de científicos aislados en una smart house busca diseñar la campaña de lanzamiento de una carne artificial revolucionaria. Lo que inicia como una ironía mordaz sobre la ética animal y el marketing alimentario se resquebraja pronto para revelar su verdadero engranaje: una reflexión sobre la adicción digital, el poder blando de la tecnocracia y la alienación del deseo.

El dispositivo escénico, enriquecido por el diseño visual y conceptual del artista alemán Boris Eldagsen y Juan Valle, utiliza el video generativo por inteligencia artificial no como mero adorno, sino como una inquietante ventana proyectada hacia el “exterior”. Todo esto sostenido por actuaciones impecables, vivas y de gran precisión, capaces de encarnar ese borde sutil donde la conducta humana empieza a mimetizarse con la lógica de un algoritmo.

PH: Julieta Raponi @fotosdejulieta.

PH: Julieta Raponi @fotosdejulieta.

PH: Julieta Raponi @fotosdejulieta.

PH: Julieta Raponi @fotosdejulieta.

La Casa de Monkey Island se distancia deliberadamente de las fórmulas convencionales. No busca la empatía fácil ni el confort dramático; propone, en cambio, un artefacto cerebral, una experiencia estética y sensorial pulcra que invita al espectador a colocarse en un rol activo, casi de observador analítico.

Es una obra que exige una disposición distinta y que premia al público inquieto. Tal vez no busca conmover desde el efectismo emotivo, pero logra algo mucho más perdurable: dejarnos flotando una pregunta que persiste bastante más allá del aplauso final. Si nuestras conductas, deseos y certezas ya han sido mapeados por la máquina, ¿cuánto de nuestro pulso humano sigue siendo verdaderamente inalcanzable?

Una propuesta impecable en un marco privileged, ideal para quienes buscan en el teatro un refugio de pensamiento y un espejo de nuestro tiempo.


Ficha artístico-técnica

La casa de Monkey Island

Con: Ariel Pérez De María, Mayra Homar, Laura Cymer y Sergio Mayorquin

Autora: Rebekka Kricheldorf

Traducción: Franziska Muche, Pilar Sánchez Molina 

Versión local: Monina Bonelli, Juan Branca y Ariel Pérez De María 

Dirección y puesta en escena: Monina Bonelli y Juan Branca

Concepto IA + Escena: Boris Eldagsen y Monina Bonelli 

Arte y diseño IA: Juan Valle

Diseño de iluminación: Gonzalo Córdova

Diseño de vestuario: Sandra Szwarcberg – Valeria Narváez 

Asistencia de dirección: Almendra Meng

Comunicación digital: TUCO Audiovisual

Producción: Natalia Badgen

Prensa: Daniel Franco

 

CASA DE LA CULTURA, Subsuelo: Av. de Mayo 575, CABA / Entrada gratuita / Funciones: sábados 10, 17, 24 y 31 de octubre a las 14hs.