Entrevista realizada por Jaqui Ramirez
El universo teatral de Leticia Coronel es un espacio de profunda intimidad y revelación. Con obras como “Estoy acá sin fin” y “Ojos Látigos”, la directora y dramaturga nos invita a transitar emociones universales, explorando los lazos más complejos de la existencia humana. Sus creaciones no son meras representaciones; son experiencias catárticas que movilizan al espectador, generando una conexión casi ritualística. Esta entrevista nace de la admiración que despertó en mí como espectadora, deseosa de descubrir nuevas propuestas en la cartelera porteña.
AC: Esta pieza, que originalmente la pensaste para hacerla con tu hija, tuvo algunas modificaciones. ¿Cómo surge el cambio de la idea original de la obra?
Leticia Coronel: Todo empezó cuando mi hija, Amanda, entró en la preadolescencia. El cambio fue drástico porque éramos muy compañeras. Ella siempre me dice que soy muy sensible y sentimental, y ella es el doble. De repente, el cambio fue rotundo con todo lo que tiene que ver con la preadolescencia, y para mí fue muy fuerte ver ese cambio. Así que pensé en alguna manera de compartir más tiempo sin que se enojara, por eso pensé en esta obra para transitar esa etapa. Desde muy chiquita, Amanda siempre aceptó ir a todos lados, hacer de todo, y pensé que esto le gustaría.
Pero cuando empezamos a actuar, el resultado fue lo contrario: el enojo dentro del juego teatral se duplicó. Hasta que un día, decidió renunciar. Yo lo había pensado como un regalo para ella, creyendo que lo que a mí me gustaba a ella también le gustaría, pero fue un error. Fue un límite muy inteligente de su parte. En ese momento, decidí dejar la obra por un tiempo.
Todo cambió cuando la obra ganó el segundo premio del German Rozenmacher. Me pregunté: “¿Qué onda esta obra?”. En la entrega de los diplomas, leí una parte y, de repente, todas las personas presentes estaban muy conmovidas. Eso me movilizó más y me dije: “Tengo que hacer algo”. Llamé a unas amigas para probar qué pasaba al unir historias de madres. Fue una tarea difícil porque no sigue una lógica de cuento; es la fuerza del teatro con la fuerza de la maternidad y el intento de descifrar esas cosas, es meterse en un juego que puede tener varias salidas.
Durante los ensayos, no entendía muy bien qué era lo que pasaba, pero sentía que eso era la obra. Era algo muy extraño, porque hacíamos pruebas, veía dónde poner cada cosa. Algo en el rostro de las actrices me decía: “Esto es la obra”.
AC: ¿Qué nos podés contar del cambio del espacio donde se presenta actualmente, que por ende presenta cambios en la obra?
LC: En la sala anterior, Los Vidrios ofrecían una intimidad que mostraba todo lo que es un espacio no convencional. Me gustó mucho la puesta ahí porque era panorámica y creaba una especie de ritual, una contención, teniendo en cuenta que lo que estaba por pasar es muy frágil, pero con un marco que contenía al público. La intimidad se daba tan fuerte que yo podía manejar la dirección en vivo.
Cuando decidimos ir al Galpón de Guevara, quería un lugar más grande para ver qué pasaba, y al llegar, fue un “¡ay Dios mío, me equivoqué!”, porque lo íntimo no iba a funcionar. Entonces, trabajamos mucho con el equipo técnico, con la iluminación, y con las actrices, potenciando lo dramático, tratando de conservar la intimidad, pero de una manera más espectacular.
Ahora hay otro código. Antes, tenías al espectador llorando, emocionado, y ahora hay otra distancia. Con el paso de las funciones, voy a ir manejando eso desde la dirección.
AC: Teniendo en cuenta que a veces esta relación tan cercana no es la mejor, ¿algún espectador te comentó algo respecto al vínculo madre-hijo/a?
LC: En general, veo que vienen muchos padres con mucha sensibilidad hacia sus hijos varones, y muchos hombres de distintas edades que salen de la función con gran necesidad de agradecer a sus madres. Por otro lado, muchas madres e hijas conmovidas agradecen por entender el mundo de las madres y perdonar. Pero también hay otras madres más tradicionales que se sienten más incómodas. Por otra parte, estoy enfrente yo, muy expuesta; el momento de la confesión final es muy fuerte.
AC: De acuerdo a la ubicación, eso se percibe, pero si estás más atrás, la obra se nota casi cinematográfica. ¿Eso es a propósito?
LC: Sí, hay como una doble obra en la función. Los de la primera fila sienten más la emoción, y más atrás es como un cine. Algunos espectadores me dijeron: “estuve en una película todo el tiempo”. En la primera función, sentí una emoción general en la sala, como un silencio de cine. La obra trajo algo de lo privado y un silencio que antes no teníamos.

Una sonriente Leticia Coronel al finalizar la función de “Ojos Látigos” en el Teatro Extranjero. Su vestuario, reflejo del espíritu de la obra, aún vibraba con la energía del escenario.
AC: Hablo con espectadores recurrentes del teatro y me comentan que vuelven a ver tus obras, ya sea “Estoy acá sin fin” o “Ojos Látigos”.
LC: Sí, es como que la gente viene a misa, porque el espectador repite la función y de repente se sorprende porque surgen algunos cambios. Se preparan para venir al teatro, es algo maravilloso, las obras tienen mucha sensibilidad. Ambas conviven de alguna manera, vinculadas por sus historias, y logran trascender.
AC: Me sorprende la energía que tiene el elenco de “Ojos Látigos”. ¿Cómo reuniste este elenco?
LC: Mucha gente piensa que son mis hermanos, se confunden. Con algunos de ellos trabajé y los tuve en mente para hacer algo. Con ellos me pasa algo visceral, porque están muy disponibles a ese desnudo de la escena y se entregan con una honestidad y valentía a la emoción. Ellos quieren hacer esta obra, no hay espacio para la incomodidad.
AC: Contanos un poco de tus próximos proyectos.
LC: Estoy empezando a escribir, y un poco tiene que ver con la muerte, como casi todo. Quiero trabajar los traumas que tienen las mujeres, un poco en lo que tiene que ver con los mandatos sociales. La idea es montar un funeral en escena de los traumas que pueden tener las mujeres en la vida social: un abuso, anorexia, bullying, maltrato y todo lo que sea. Con eso, hacer una especie de circo/show, me imagino con un elenco bastante grande.
Me interesa la muerte porque es algo que me da miedo, me paraliza. Tomé noción de eso cuando fui madre, entendí algunas cosas del tiempo y pensé: “Esta persona va a depender de mí de por vida”. Pero el teatro me ayudó mucho con eso, así transformé ese dolor.
La fuerza del trabajo de Leticia Coronel reside en la honestidad, tanto de ella como de su elenco, y en el innegable impacto que generan en el público. Sus obras invitan a la reflexión sobre los vínculos profundos, provocando desde la gratitud hasta la incomodidad. Como ella misma afirma, “hay algo presente en estas historias que trasciende”. Leticia Coronel no solo conmueve; nos invita a sanar y a transitar nuestras propias verdades, consolidándose como una artista esencial de la escena actual a la que debemos seguir de cerca.
Estoy acá sin fin
El Galón de Guevara: Guevara 326, CABA.
Funciones: Viernes 20hs

Estoy acá sin fin de Leticia Coronel
Ojos Látigos
Teatro Extranjero: Valentin Gómez 3378, CABA
Funciones: Domingos 18hs

