Por Florencia Aroli

Los acantilados

Dramaturgia y dirección: Ignacio Apolo

A comienzos de los años 80, en la Argentina de la Guerra de Malvinas, una herencia familiar, los secretos, los mandatos y los abismos de la memoria enfrentan a una familia con verdades capaces de arrasarlo todo. Entre la infancia, los vínculos entre hermanos y las huellas del pasado, Los acantilados interroga qué heredamos de nuestros padres, qué estamos obligados a confesar y si la verdad puede salvarnos o convertirse en una condena.

Tres actores exuberantes despliegan una destreza interpretativa de excelencia. Ignacio Apolo, Junior Pisanu y Viviana Represas están extraordinarios. Con pocos elementos y un espacio despojado, la historia se arma y se desarma ante nuestros ojos. Apolo nos lleva, nos trae y nos hace viajar por cada uno de los espacios que el texto menciona, demostrando que el teatro puede expandirse mucho más allá de lo visible.

La dramaturgia posee una enorme originalidad y está atravesada por la ternura, el humor, la inteligencia y el riesgo. Una construcción que es, a la vez, individual y social, íntima y colectiva, donde la memoria ocupa un lugar central.

Apolo traspasa los límites de la representación, juega con la metateatralidad y establece una rica intertextualidad con Ibsen. También aparecen críticas lúcidas a los análisis terapéuticos alternativos y, por sobre todo, una reflexión profunda acerca de la verdad: dónde termina la ficción y dónde comienza la realidad; cuál es el límite de la intimidad; qué derecho tenemos a recordar y desde qué subjetividad construimos aquello que creemos verdadero.

Los acantilados son también la guerra, un país, una historia, una familia. Son aquello que heredamos y aquello que intentamos reconstruir, incluso cuando la memoria se vuelve incómoda. En esa tensión entre lo íntimo y lo colectivo, la dramaturgia parte de los vínculos familiares para interrogar la identidad y la memoria de un país. Lo nacional se inscribe en las historias privadas, y lo universal emerge de esas preguntas que no dejan de incomodarnos: qué es la verdad, qué hacemos con ella y cuánto estamos dispuestos a perder para conocerla.

El vestuario, muy sencillo pero cargado de poesía, de Gabriella Gerdelics acompaña la propuesta con delicadeza. La escenografía y la iluminación de Félix Padrón construyen ese espacio despojado capaz de abrirse a múltiples territorios. La música de Gisle Kverndokk completa la atmósfera de un espectáculo que encuentra en la austeridad de sus elementos una potencia expresiva singular.

Primera obra de una trilogía en homenaje a Ibsen, auspiciada por la Embajada de Noruega, Los acantilados propone una experiencia teatral que excede la historia de una familia para interpelarnos acerca de nuestra identidad, nuestra memoria y nuestra responsabilidad frente al pasado.

En tiempos tan difíciles como los que atravesamos, cuando se pretende mutilar el pasado, borrar la memoria y entregar las tierras, este espectáculo adquiere una dimensión especialmente necesaria. El teatro vuelve a ser aquí un territorio de resistencia, de preguntas y de memoria

Ganadora del Primer Premio de Dramaturgia del Fondo Nacional de las Artes, Los acantilados demuestra en el escenario por qué ese reconocimiento fue tan merecido.

Íntima, nacional y universal. Brillante, imperdible y distinta. Hay que verla.


Ficha técnica:

Actúan: Ignacio Apolo, Junior Pisanu, Viviana Represas

Música: Gisle Kverndokk

Escenografía e iluminación: Felix Padrón

Vestuario: Gabriella Gerdelics

Fotografía: Akira Patiño

Asistencia de dirección: Maia Morosano

Dramaturgia y dirección: Ignacio Apolo

 

EL EXCÉNTRICO DE LA 18ª:  Lerma 420, CABA / Funciones: Domingos 17hs / Entradas por Alternativa Teatral.