Por Florencia Aroldi

Hay obras que se miran. Hay obras que se piensan. Y hay obras que, además, nos hacen jugar. Las despedidas hace las tres cosas.

Como un cubo de Rubik, la obra mueve sus piezas permanentemente y nos obliga a reacomodar aquello que creemos estar viendo. Una profesora ensaya un programa de clases y se encuentra con alumnos que cuestionan sus certezas. Emprende un viaje, se enamora, se despide. ¿Hasta cuándo? No lo sabemos. Al mismo tiempo, una compañía de teatro trabaja sobre un nuevo espectáculo, investiga, busca festivales y becas, se arma, se desarma y vuelve a encontrarse.

El tiempo tampoco permanece quieto. Pasado, presente y futuro se superponen. Nunca estamos del todo seguros de en qué momento estamos ni, incluso, en qué número de función. La platea es convocada de distintas maneras: por momentos somos alumnos, por momentos testigos, por momentos espectadores. Y ese juego se desplaza constantemente.

Pero Las despedidas no es solamente un inteligente dispositivo teatral. Es también una obra profundamente lúdica, entretenida, fresca, disfrutable, con una sensación de espontaneidad que convive con una reflexión muy precisa sobre el teatro, la enseñanza y la propia práctica artística.

 

El rol de la docente lleva esta reflexión hasta el límite de sus posibilidades lingüísticas y metalingüísticas. Frente a nuevos lenguajes, formatos y estéticas que pugnan por salir, aparece la experiencia de la incomunicación, el desconcierto, la frustración y una sensación de fracaso. ¿Cómo enseñar cuando las herramientas con las que aprendimos a enseñar ya no alcanzan? ¿Cómo transmitir cuando aquello que queremos transmitir está cambiando delante de nuestros ojos?

La obra pone así en tensión el saber hacer y el saber transmitir. Y abre una pregunta fundamental: no necesariamente un gran artista es un gran docente, ni un gran pedagogo es necesariamente un gran artista.

¿Qué hacemos cuando hacemos teatro? ¿Para qué? ¿Qué lugar ocupan nuestros deseos, nuestras pasiones y nuestras vocaciones? ¿Qué relación existe entre lo que pensamos, lo que hacemos y la manera en que lo transmitimos? Aparecen también las contradicciones de los espacios de formación, algunas inevitables y otras perfectamente evitables; la verticalidad y la horizontalidad de los roles; los propósitos, la ética y la coherencia del hacer artístico.

Hay una mirada crítica que por momentos se convierte en parodia y una parodia que nunca deja de ser crítica.

Y todo esto sucede en un espacio despojado, pequeño, donde las puertas, el afuera y el adentro, la consola y la técnica adquieren una dimensión dramatúrgica. La puesta lleva al primer plano lo humano: los sentimientos, las contradicciones, los vínculos, el deseo, la incertidumbre.

Hay sorpresa. Hay ternura. Hay humor. Hay pensamiento.

Y por sobre todo hay un elenco que juega con enorme ductilidad: Zoilo Garcés, Julieta Koop, Natali Lipski, Ariel Bar-On transitan distintos estados, personajes y registros, construyendo una suerte de actuar la no actuación: caracterizan, se despojan, vuelven a construir, juegan con aquello que es ficción y aquello que parece espontáneo. Sus cuerpos y sus voces sostienen con precisión ese mecanismo cambiante.

La dramaturgia es de Ariel Bar-On, quien además dirige la obra. Las creaciones pertenecen a la compañía El Asombro. La iluminación es de Diego Becker. Es una coproducción de Casa Teatro Estudio, de Argentina, y Teatro Nube, de España, junto a la compañía El Asombro. El proyecto cuenta con el apoyo de Proteatro y del Instituto Nacional del Teatro, y participó de los festivales Entra y Llegás.

Las despedidas es una obra especialmente disfrutable para estudiantes de teatro, jóvenes artistas, docentes y quienes alguna vez se preguntaron por qué hacen lo que hacen. Pero también para cualquier espectador dispuesto a entrar en el juego.

Porque mientras la obra habla de despedidas, lo que propone es, en realidad, un encuentro.

Y entonces queda flotando una pregunta que excede al teatro, a la enseñanza y a la propia obra:

¿De qué vale la pena despedirse?

¿Cuáles son las despedidas que van a favorecer nuevos, necesarios e inevitables encuentros?


Ficha técnica

Dramaturgia: Ariel Bar-On

Intérpretes: Ariel Bar-On, Zoilo Garcés, Julieta Koop, Natali Lipski

Creación: Compañía El Asombro

Vestuario: Cecilia Zuvialde

Iluminación: Diego Becker

Fotografía: Michi Catopodis

Diseño gráfico: Michi Catopodis

Prensa: Prensópolis

Producción: Compañía El Asombro

Co-producción: Casa Teatro Estudio, Teatro Nube, de España.

Dirección: Ariel Bar-On

CASA TEATRO ESTUDIO: Guardia Vieja 4257, CABA / Web: https://www.casateatroestudio.com/ Funciones: Sábado – 18:00 hs – Hasta el 24/10/2026.