Por Gean Pool Uceda
El FesJaJa desembarca en Buenos Aires
La comedia también puede ser una forma de resistencia. En tiempos de crisis económicas, y tensiones sociales hacer reír parece convertirse en una tarea compleja y necesaria. Bajo esa premisa llega a Buenos Aires la primera edición argentina del FesJaJa, un festival nacido en Mallorca, España, que apuesta por reunir distintas voces del humor iberoamericano en un mismo escenario.
Durante varias jornadas, el festival congregará a comediantes de muchas latitudes en el Paseo La Plaza, uno de los espacios más emblemáticos para el stand up en la capital argentina, que en esta ocasión albergará un gran evento que además de risas nos trae una reflexión colectiva sobre qué significa hacer humor hoy.
Para el organizador del evento, Julio González, traer el festival a Argentina era casi inevitable. “Soy un enamorado de Argentina”, asegura al explicar por qué Buenos Aires fue la primera sede internacional del proyecto fuera de Mallorca ya que la idea de expandirse hacia América Latina llevaba años rondando. Él reconoce que lanzar un festival en el contexto argentino actual implica un desafío. “Sabemos que es una situación complicada, sabemos que es difícil. Pero, precisamente, si algo beneficia a la comedia son las crisis”, afirma. Su objetivo para esta primera edición es claro: que el público descubra el festival, apueste por él y, sobre todo, se permita reír.
La diversidad cultural aparece como uno de los ejes centrales del FesJaJa. González destaca que uno de los mayores logros del encuentro es reunir en una misma programación a cómicos españoles, argentinos, venezolanos y chilenos. “Eso ni siquiera sucede en Mallorca”, admite. Para él, la mezcla de miradas y experiencias es el ingrediente principal del festival.
Esa idea también es compartida por la comediante de Guinea Ecuatorial Asaari Bibang, quien celebra especialmente la pluralidad del encuentro. Bibang sostiene que cuanto más diversa es la mirada, más posibilidades tiene el público de identificarse y disfrutar. “No solo te ríes, sino que además entras en reflexión sobre cosas en las que nunca habías pensado antes”, explica sobre su estilo de humor, caracterizado por abordar temas complejos desde un lenguaje cercano.
La artista considera que la autenticidad es fundamental para que la comedia funcione. “El humor tiene que ser verdad. No puede ser ficción”, señala. Según su visión, incluso los temas más duros pueden ser abordados desde la comedia siempre que provengan de un lugar honesto. “La comedia es sanación”, resume.
La autenticidad aparece repetidamente en el discurso de varios artistas del festival. El argentino Nachito Saralegui coincide en que el principal error de un comediante es “querer hacerse gracioso”. Para él, las risas no deben perseguirse de manera forzada, sino surgir naturalmente desde una historia contada con verdad.

FESJAJá
Saralegui ya había participado en la edición española del FesJaJa, pero asegura que esta experiencia tiene un valor distinto porque aquí comparte escenario con amigos y colegas a quienes conoce desde hace años. Nombres como Lucas Lauriente, Nanutria, Dalia Gutmann y Fabricio Copano forman parte de ese ecosistema humorístico latinoamericano que el festival busca potenciar.
Otro de los participantes, el actor y comediante argentino Pablo Cordonet, pone el foco en el rol social del humor en momentos difíciles. “Hacer reír es una gran ganancia, un gran alimento para la gente”, afirma. En medio de un contexto social y económico complejo, considera que los humoristas tienen una enorme responsabilidad: acompañar al público sin caer en agresiones gratuitas ni provocaciones vacías.
“El mundo es gracioso, la vida es graciosa, nuestra civilización es graciosa, siempre y cuando la encaremos con respeto e inteligencia”, sostiene. Para Cordonet, el límite aparece cuando el humor deja de observar a las personas y comienza a perder empatía.
La presencia venezolana también marca fuertemente esta edición del FesJaJa. Varios de los artistas invitados residen actualmente en Argentina y encuentran en el país un terreno fértil para desarrollar sus carreras. El comediante Victor Medina Nanutria, que vive en Buenos Aires desde hace casi ocho años, asegura que los venezolanos fueron recibidos con enorme calidez por el público argentino.
Según explica, existe una conexión cultural profunda entre ambos países basada en la autocrítica y la capacidad de reírse de uno mismo. “Siempre se me ha hecho fácil entenderlos y hacerme entender”, comenta. Para Nanutria, el humor tiene una prioridad absoluta: la risa. “Cada vez que uno va a decir algo tiene que pensar: ‘¿Esto es gracioso?’”, afirma. Con una metáfora circense, compara el trabajo del comediante con el de un trapecista: el objetivo es lograr que el salto funcione y caerse cada vez menos. El fracaso forma parte del oficio, pero el desafío está en perfeccionar el acto.
El venezolano Loncho Navarro también destaca la importancia de abrir espacios para artistas emergentes y del circuito under. Considera que festivales como el FesJaJa permiten visibilizar talentos que normalmente no tienen la misma exposición que las grandes figuras. “Esto tenía que pasar”, asegura sobre la llegada del festival a Buenos Aires.
Navarro advierte además sobre un problema frecuente dentro de la comedia contemporánea: hablar de temas que no se conocen solo para generar impacto. “Hay varios atrevidos en el mundo que lo hacen y después se ven los resultados”, dice, marcando una diferencia entre el humor construido desde la experiencia y el que se apoya únicamente en la provocación.
Por su parte, el venezolano Cesar Aramis resume el oficio de manera sencilla: “Lo que se tiene que evitar en el humor es no ser gracioso”. Aunque la frase parece una broma, encierra buena parte del espíritu del festival: la prioridad sigue siendo la risa, incluso cuando detrás de ella existan reflexiones, tensiones sociales o debates culturales.
La primera edición argentina del FesJaJa aparece así como mucho más que una sucesión de shows de stand up. Es también un espacio de intercambio cultural, un punto de encuentro para distintas generaciones de humoristas y una apuesta por sostener la risa en tiempos difíciles.
En un escenario donde conviven argentinos, venezolanos, españoles y artistas de distintos orígenes, el festival parece confirmar algo que varios de sus protagonistas repiten de distintas maneras: el humor puede cambiar de acento, de contexto y de estilo, pero sigue funcionando como uno de los lenguajes más universales para conectar con los demás.

