Y su joven, príncipe.

 Un gran y viejo actor desocupado se presenta a una audición teatral donde lo recibe un joven asistente que le avisa que el director está algo demorado. Mientras aguardan convivirán en una espera áspera, algo incómoda para el asistente, sin embargo, ese encuentro se transformará en una de las experiencias más significativas de toda su vida.

 Todos recordamos el pedido del Principito al aviador en medio del desierto: “Por favor dibújame un cordero”

 Así como el aviador no pudo desobedecer en la novela de Saint Exupery a su pequeño interlocutor el principito, en Yo, Feuerbach el asistente no puede desatender a este actor que lo convoca a un dialogo cada vez más íntimo y comprometido. El actor le implora: “Por favor necesito ese personaje”.

 El texto es de Tankred Dorst, con la traducción de Juan Garff, una dramaturgia que rezonga verdades estéticas y éticas sobre el cambio generacional simbolizado por estos dos personajes.

 Si el escenario fuera el globo terráqueo este Feuerbach (Dios) reinventaría los mares, los cielos, y las tormentas, pero como es simplemente un actor evapora su alma entera en su aliento haciéndonos ver en lo invisible cada imagen de su firmamento. Es que Callau es montaña y es música en su interpretación, logra un Feuerbach inquieto, rebelde, frágil, expuesto, valiente, temeroso y sobre todo humano con una caligrafía poética sin faltas de ortografía. Es un terremoto creativo que parte al medio la platea con su autoridad escénica.

 Feuerbach-Callau pasea al asistente-público por todos los estados, lo hace reír, llorar, emocionarse, lo lleva y nos lleva de las narices de alma hasta hacernos ver cada palabra que su voz pronuncia. El joven Francisco González Gil ataja todos los penales poéticos que le tira Callau, mientras va creciendo a medida que avanza la trama con precisión y talento.

 La dirección, de Manuel González Gil, baila al compás del conflicto. Logrando la atención de los espectadores que seguimos la historia como una suerte de testigos de algo excepcional.

 Yo, Feuerbach es un canto a la vida, la puesta se demora en el gesto amable hacia el otro, no cualquier otro, como tampoco se trataba de cualquier cordero, sino en aquel está dispuesto a ver la maravilla en medio de tanto gris, cemento, cuerpo sin alma y jardines sin flores.

 En esta obra la imaginación se materializa invitando a saborear la paradoja. Estalla la rutina rompiendo el frágil vidrio de lo cotidiano, Yo, Feuerbach es eso, una invitación a descalzarse y caminar por el húmedo pasto de lo extraordinario, no en un paraíso trascendente sino en el aquí y ahora de este escenario, sin más dios que la mirada de ese joven a quien hechizó para siempre de vida pasándole la posta del teatro.


Ficha técnico

Autoría: Tankred Dorst / Traducción: Juan Garff / Actúan: Manuel Callau, Francisco González Gil / Voz en Off: Miguel Angel Solá / Vestuario: Héctor Calmet / Escenografía: Héctor Calmet / Iluminación: Héctor Calmet, Manuela González Gil / Música original: Martin Bianchedi / Fotografía: Alejandra López / Diseño gráfico: Malena Papanicolau / Asistencia de dirección: Manuela González Gil / Prensa: Tommy Pashkus / Producción ejecutiva: Nacho Iambrich, Lorenzo Juster.

Teatro El Tinglado (Mario Bravo 948) / Entrada: $ 330 / Funciones: Jueves – 20hs – Hasta el 02/08/2018.


Florencia Aroldi

Dramaturga gestora del proyecto pedagógico Leamos Teatro 1, 2, 3 y 4. Algunas de sus obras en cartel son: La edad de las máquinas, Candy Crush Saga, Ágape, Telesíada rezabaile nacional. La extensión de las mariposas, Malvina, Glamour de Campiing y Caprichosa forman parte de la cartelera de Microteatro. Just, Bajada de Bandera y Amparo, dentro de la programación del ciclo de obras breves Teatro Off shore. Recientemente editó su libro Molinete Conventillo, 10 piezas teatrales. Coordina seminarios de dramaturgia, en CABA y en el interior del país. Más información en www.florenciaaroldi.com