Ph: María Agustina Díaz

Esa es la frase que utilizó en su paso como director técnico de Boca Juniors Miguel Ángel Russo allá por el 2007 para justificar sus elecciones a la hora de formar el equipo y de realizar los cambios durante el partido. Los medios de comunicación se hicieron eco de esas declaraciones y según como se daban los resultados, con frecuencia, la utilizaban tanto para marcar una virtud como un error.

Ph: María Agustina Díaz

Ph: María Agustina Díaz

Se sabe que las decisiones que toman los seres humanos tienen causas y consecuencias. Entonces no fue casual que hoy, para tomar el colectivo hacia la Clínica Santa Isabel, decidiera dejar los auriculares en casa y llevar un libro de Eduardo Sacheri para el viaje.

Los cuentos del autor sobre el fútbol y la vida son (si uno se presta a entrar en la historia) espectaculares, no solo por lo que cuenta, sino porque uno siente que eso forma parte de la vida cotidiana y le puede ocurrir a uno o a un amigo.

Entonces selecciono que cuento voy a leer durante los 25 minutos en colectivo. En realidad no selecciono nada, la decisión estaba tomada de antemano y yo sabía perfectamente que páginas iba a abrir del libro. El cuento se llama “Reuniones de Egresados” y desde ya se los recomiendo solo extraigo las últimas dos frases “Yo tampoco se lo explico. Todos tenemos símbolos que guardamos en secreto”.

Momento de bajar del colectivo y de ingresar a la Clínica. Como me gusta llegar temprano me senté en la sala de espera y comencé a leer otro cuento llamado “Geografía de tercero” pero en el medio del relato un susurro interrumpió mi lectura para siempre. Levante mi cabeza y vi que me había hablado un hombre de 81 años sentado en el banco de enfrente. Como no escuche lo que me dijo le pedí que lo repitiera. Con gusto lo hizo y volvió a decir: “Me da orgullo ver a un joven con un libro”.

Me pregunte ¿Cómo podía ser que le diera orgullo verme con un libro? Entonces me acordé de vos, de tu casi inexistente amor hacia la lectura y la literatura y de la gran importancia que le das a un aparato tecnológico para comunicarte  con la gente e ingerir noticias que te hacen creer que son importantes que sepas. También pensé en mis amigos y realmente el esfuerzo que hice para recordar quienes leían fue enorme y casi estéril.

El hombre prosiguió la charla preguntándome si fumaba, respondí negativamente y exclamó “Que bien que haces”. A continuación relató su historia con el tabaco, remarcó que desde los 37 años se mantenía casi paralítico y debía moverse con el bastón que sostenía en su mano izquierda. Pero además, como si fuera poco, añadió que hace 4 años sufrió un accidente cerebro vascular que le afectó una arteria y le impide concentrarse mucho tiempo en algo. “No puedo tocar el piano, ni escribir y mirar la televisión” detalló tristemente.

Antes de ingresar al consultorio para que lo atiendan comentó que a las personas que veía fumar en la calle, las paraba para convencerlas de que lo dejen y les pedía su nombre para rezar una oración por ellos.

Lo miré y al despedirlo le asegure, que a pesar de todo lo que nos quieren imponer y hacer creer, todavía hay quienes nos tomamos el tiempo para el placer de la lectura.

Se puede leer un libro o no, se puede fumar o no y se puede hacer algo para que las personas no sufran lo que nosotros sufrimos o no. Al fin y al cabo son todas decisiones, todas con consecuencias.