Llegar a la esquina de Córodoba y Libertad y descubrir al Teatro Nacional Cervantes libre de andamios fue la primera grata sorpresa de aquella tarde.

 17.40hs. Con una tranquilidad particular de domingo ingresamos al salón de entrada y ya podemos ver la fila de espectadores que aguardan para ingresar a la sala Luisa Vehil del primer piso del teatro. Las entradas carecen de numeración por lo cual, los precavidos, encontraran mejores ubicaciones.

 18.00hs. La acojedora sala ya está casi completa y desde que entramos allí el actor principal, Gabriel Goity, esta sentado en un sillón que parece hubiera sido hecho especialmente para el. Sus ojos cerrados y su cara sin expresión, nos invitan a aguardar en silencio y descubrir por detrás de él, oculta por una tela transluciente a una jóven chica (Jazmin Díz) que inmóvil mira un punto fijo en el horizonte.

 18.07hs. Maximilien Aue (Gabriel Goity) comienza a fluir en un sin fin de recuerdos, que trastabillan con la actualidad, que le revuelven el estomago, pero que parece una necesaria e inminente forma de aclarar, o más bien aclararse a el mismo, qué paso.

 Años atrás antes de llegar a la Argentina y ser CEO de una fábrica de encajes, Aue fué protagonista, testigo y partícipe de los crímenes de lesa humanidad efectuados en la segunda Guerra Mundial. A partir de este supuesto, los relatos, las victimas calculadas y la relación con los hechos argentinos van a ser el hilo conductor de todas sus memorias.

 Pero no mucho tiempo después de comenzada la función, dos aparentes policías (Raquel Amerí y Matilde Campilongo) obsesionadas con descubrir quién mato a los padres de Aue, aparecerán repetidamente para interrogar y cuestionar sus declaraciones.

 En esta obra donde se ponen al descubierto pensamiento de un ex oficial de la SS, el espectador se ve abarrotado de datos que no dejan de asombrarlo y perturbarlo, las cifras de los muertos y las explicaciones que el protagonista brinda, son expresadas con tanta frialdad y cálculo que erizan la piel.

 Quizás sea una gran oportunidad para poder escuchar un lado de la historia, en primera persona y  reflexionar sobre la idea que tanto repite Littell (autor de esta pieza): “la cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba”.


Autoría: Jonathan Littell / Versión: Julián Ezquerra / Traducción: Julián Ezquerra / Actúan: Raquel Ameri, Matilde Campilongo, Jazmín Diz, Gabriel Goity / Vestuario: Graciela Galán / Escenografía: Graciela Galán / Iluminación: Jorge Pastorino / Música original: Cecilia Candia / Asistencia de vestuario: Mariela Solari /  Asistencia de dirección: Marcelo Mendez / Productor Del Tnc: Silvia Oleksikiw / Dirección: Laura Yusem.