La suerte de la fea

 Afuera es domingo, una cuadra, apenas una, desde Callao casi Lavalle hasta Corrientes casi Riobamba, nos transporta a otro lugar, donde el bullicio abrumador de la metrópoli porteña parece detenerse.

 La paradoja de encontrar un teatro –del griego theatron -lugar para ver- en un pasaje caracterizado por una escurridiza curva que escapa a toda mirada, como en un juego entre lo visible y lo oculto.

 Al ingresar a la sala de El Picadero, música en vivo mediante, un escenario dentro de otro ya deja planteado lo que se transformará en una tensión espacial entre lo que se muestra y lo que se esconde.

 A comienzos del siglo 20 eran frecuentes en Buenos Aires los bares de atracciones, donde los hombres disfrutaban del “talento” de mujeres que tocaban alguna pieza musical; escuchaban, pero sobre todo miraban. Orquestas compuestas por mujeres jóvenes y bellas, que exponían en pequeños escenarios, como si de vidrieras se tratara, su gracia y belleza. El detalle: en verdad no tocaban, sino que hacían pura mímica. Las intérpretes auténticas se encontraban escondidas tras los telones o en el foso, ejecutando las piezas que las figurantas simulaban tocar.

 La historia podría ser una anécdota, un fragmento, característico de la dramaturgia kartuniana, breve, aunque no por ello menos potente, que reclama un espectador curioso, atento a cada gesto, donde a través del trabajo sobre la palabra y una mímica exacerbada, se invita a seguir la obra en cada detalle. Paula Ransenberg en dirección y Luciana Dulitzky en su unipersonal, nos interpelan a través de un desdoblamiento tanto del escenario como del personaje, entre lo bello visible, lo legitimado, y un espacio otro donde la ignorada y su talento tienen lugar. Viola, como alterego de Yolanda, nuestra fea que se encarga de describir la llegada de la nueva figuranta, con la cual entabla una relación de oposición, logrando el éxito a partir de una validación oculta, como su cuerpo mismo.

 El argumento puede sonar lejano, sin embargo, la idea acerca de que la identidad se construye a partir de un otro –en términos lacanianos- no solo externo, sino también desde una imagen simulada, filtrada, resulta muy actual.

 Desafiando los estándares, la protagonista busca romper con aquello que se supone es digno de ser visto. Lo cual resulta interesante en relación al campo teatral mismo y sus mecanismos de producción, donde en muchos casos la presencia de la mujer, sean actrices, dramaturgas, directoras, resulta opacada, ante condiciones similares, los hombres aún gozan de mayor visibilidad.


Ficha técnico

Dramaturgia: Mauricio Kartún / Actuación: Luciana Dulitzky / Dirección: Paula Ransenberg / Composición musical e intérprete en vivo: Fede Berthet / Asistencia de dirección: Marcelo de León / Diseño de Escenografía y Vestuario: Alejandro Mateo / Realización escenográfica: Los Escudero / Realización de vestuario: Lucina Tropini / Pelo: Granado / Fotos: Alejandro Ojeda, Sofía Montecchiari / Diseño gráfico: Zkysky / Repostería: Vilmanjar / Prensa: Simkin & Franco.

Teatro El Picadero Pasaje Santos Discépolo 1857 (C.A.B.A.) www.teatropicadero.com.arFunciones: domingos a las 18hs – Entradas: $400 – Duración: 50 minutos.