Me levante con una sensación de derrota, la cual manifesté con una amiga vía WhatsApp “siento que hoy nos hacen 3”. Extraña y olvidable sensación la de sentirse derrotado antes de que sucedan los hechos. Sin embargo por necesidad y por creer que ese presagio quizás no se cumpliría trate concentrarme en pensamientos positivos.

 El superclásico del fútbol argentino es uno de esos eventos deportivos que uno no debe perderse en su vida, sobre todo en cancha de Boca, donde la gente se encuentra más cerca de los protagonistas y cuando alienta da la sensación de que el estadio se moviera.

 Estacionamos el auto con mi padre en las inmediaciones del Parque Lezama abonando $100 a un trapito, que ni bien comience el partido dejará de “cuidar los coches” y será espectador del encuentro.

 En las inmediaciones al estadio se repiten los micros llenos de gente cantando canciones. Por la calidad de esos micros es fácil darse cuenta que no deben estar inspeccionados por nadie. Los grupos de hinchas con algunas bebidas alcohólicas, disfraces de fantasmas de la B (haciendo alusión al descenso del “Millonario” en 2011), se repiten constantemente y así llegamos a los controles policiales de la calle Pinzón, a poco menos de 3 horas de que comience el encuentro.

 Es así, el hincha de Boca debe llegar temprano a esta clase de encuentros para asegurarse la entrada, y además, debe superar un “filtro” para poder presenciarlo. Mi opinión sobre eso es un poco contradictoria, por un lado, veo bien que se le trate de asegurar su lugar al hincha que va siempre, sobre todo en encuentro de menor envergadura pero también entiendo que muchos hinchas del resto del país no pueden viajar todo el año debido al gasto y el tiempo que esto conlleva y por ende deciden hacer dicho esfuerzo en el superclásico.

 Mientras le muestro mi carnet a un empleado, me confiesa que “detuve varios falsos porque muchos los truchan pegándolos arriba de una tarjeta SUBE y después pasan con otro”. Desde hace tiempo se sabe que este partido es un negocio y nadie quiere perdérselo. A continuación, entrego mi DNI a la policía para que “verifiquen” que estoy en ley y poder ingresar al estadio. En este caso me agarra sensación de risa porque todos saben quiénes son los delincuentes que se adueñan de cualquier cancha de nuestro fútbol pero ellos ingresan igual.

 Entro a la cancha por la puerta 11 a la tribuna popular norte, que se ubica debajo de la popular donde se encuentra “La 12”, saludo a los hinchas con los que casi siempre comparto el sector y me ubico en los escalones de arriba detrás del arco.

 A principios de este siglo River tenía para su parcialidad la tribuna media y alta del sector sur, luego en la presidencia de Mauricio Macri se decidió darle solo la alta en pos de darle mayor capacidad al hincha de Boca, y desde hace un par de años se juega sin visitantes por el desgano de los dirigentes políticos con acabar con la violencia de nuestro fútbol.

 Salen los equipos a la cancha, por disposición de la Superliga deben hacerlo de manera conjunta. En ese instante me viene un mal recuerdo a la mente, en el clausura 2002 salieron de esa manera y los de Nuñez se volvieron con una victoria, en ese caso por 3 a 0. El conjunto de Marcelo Gallardo debe salir del túnel para luego caminar hasta donde sale Boca para la televisión, una presentación que de súper, tiene poco.

 Con el local en la cancha se vive el mayor momento de efervescencia de la tarde, banderas dedicadas a River, globos azules y amarillos y explosivos se hacen presentes.

 Comienza el encuentro y en tan solo 14 minutos River se pone en ventaja con un golazo de Gonzalo Martinez. La pérdida de balón de manera muy simple en mitad de cancha por parte de Cristián Pavon y el desvío en el despeje de Emanuel Más hicieron que la bocha fuera hacia el lugar donde se encontraba el 10, quien de zurda colocó una volea haciéndole honor a la camiseta y puso el 1 a 0.

 Por dentro pensé “cada vez que arrancamos perdiendo contra Gallardo, siempre perdimos”, y además el Pity había marcado en las dos últimas victorias sobre Boca. Martínez, que luego además dejo un exquisito caño a Leonardo Jara en mitad de cancha, tuvo que dejar el césped por lesión.

 Así se fue el primer tiempo casi sin llegadas por parte de Boca al arco defendido por Franco Armani y con la sensación de que tanto el juvenil Agustín Almendra como el experimentado Carlos Tevez no estaban dando la talla con el rendimiento.

 Comenzó el segundo tiempo y el árbitro Mauro Vigliano no cobró un penal para el local que quizá pudo haber cambiado el destino del encuentro. Ambos técnicos cambiaron a sus delanteros Guillermo sacó a Tevez en lugar de Mauro Zarate y Gallardo mandó a la cancha a Ignacio Scocco en lugar de Lucas Pratto. A los pocos minutos, “Nacho” sentenció el encuentro con un derechazo de primera al palo derecho de Agustín Rossi y puso el 2 a 0.

 Hubo 25 minutos que estuvieron de más en el encuentro debido a la poca rebeldía del local por querer cambiar el rumbo de la historia. Marcelo Gallardo vuelve a ganar como visitante el superclásico y River triunfa de manera consecutiva en cancha de Boca por primera vez en el siglo XXI y lo hace merecidamente con una identidad de juego, que puede gustar o no pero que es respetada desde el comienzo hasta el final del partido. Además en caso de que no se volviesen a enfrentar (lo podrían hacer en Copa Argentina o Copa Libertadores) River se quedaría con los dos superclásicos a nivel local, algo que no sucedía desde el 2004. Por el contrario, Guillermo pareciera no leer bien los encuentros y sobre todo no hacer una verdadera autocrítica para mejorar a su equipo.

 El regreso con la derrota en nuestras espaldas, durísimo, me eché algo de culpa por todos los pensamientos negativos que se hicieron realidad, me pregunte si vale la pena ser tan fanático, si sirve sufrir tanto por algo que nosotros no tenemos injerencia o  por qué no soy como muchos de mis amigos a los cuales el resultado de su equipo no les influye a la hora de continuar o comenzar el día, pero en el medio de todas esos pensamientos en la radio del auto se escucha un “habrá que ver qué equipo formará Guillermo para el próximo partido”. Y ahí está, porque el dolor de la derrota no se va fácilmente, hay que digerirla, aprender de ella y sobre todo aceptarla, porque si no, todo es peor y finalmente entender que por suerte el fútbol forma parte de la vida, y la vida, como el amor, siempre da otra oportunidad.