La presión por realizar una buena obra e impresionar al espectador lleva a unos actores de entre 50 y 80 años a seguir las pautas azarosas de una escenografía peculiar.

 

En el marco de la programación internacional el Centro Cultural 25 de Mayo junto a la colaboración del Centro Cultural Recoleta, el Festival de Teatro de Rafaela, el Teatro Auditorium de Mar del Plata, el Banfield Teatro Ensamble, el Fondo para la Cultura y las Artes de México, se presentó la semana pasada Béisbol. Está obra de teatro fue escrita y dirigida por David Gaitán para la Organización de la Universidad Veracruzana, la compañía teatral más antigua de México.

Pero, ¿por qué se titula Béisbol? Según la definición que nos brinda la Real Academia Española, béisbol es un “juego de pelota entre dos equipos de nueve jugadores, en un campo en forma de diamante con cuatro bases, que consiste en recorrer las bases tras batear la pelota”. Hacer hincapié en esto nos permite entender en parte la estructura de la puesta.

En primer lugar, es importante empezar por la puesta en escena en general. El espacio escénico es presentado como si fuera un campo de juego, en el que se desplaza una docena de actores. Todos van de un lado a otro separados en dos grupos -jóvenes y adultos- con pelotas de tenis volando por todas partes y un vestuario que parece salir de una película de terror.

En cuanto a la escenografía, presenta un trabajo extraordinario y pese a su simplicidad se convierte en la gran protagonista. Allí, predomina una ruleta gigante que en sus extremos lleva diferentes consignas: “hiriente porque sí”, “café tacvba”, “metáforas rebuscadas de mi pisoteada identidad”, entre otros. A su lado, una especie de pirinola de tamaño razonable en la que están los nombres de cada actor; con la combinación de ambos se pauta qué hacer y a quién le corresponda hacerlo, ese será el momento de protagonismo individual para cada actor. Esto determina que las funciones de esta pieza serán únicas y diferentes al mismo tiempo, como sucede en cualquier deporte u obra teatro post-dramático.

No obstante, esta propuesta presenta ciertas dificultades con el registro: al tener un dispositivo escenográfico tan cambiante, los actores no logran concretar un personaje con una identidad firme y, por ende, se puede pensar en un texto dramático inexistente, dando como resultado diversas improvisaciones en las que predomina el azar.

Por su parte, los actores llevan sus propios nombres impresos en la ropa, de modo tal que se pueda identificar a quien le corresponda jugar según lo que dicta la ruleta. Ahí encontramos otro problema, ya que las posibilidades de la ruleta tienen su límite, pues a todos les puede tocar lo mismo y sucesivamente repetir la misma consigna.

Esta pieza mexicana no es nada más que un juego en la que reina la movilidad de la escenografía, y a su vez, condiciona a los actores-personajes que van variando sus bases obteniendo diferentes posiciones o roles.

Es decir, que la pisoteada identidad es exageradamente destruida por lo mismo actores (viejos y casi retirados) que pelean por ser protagonistas pero solo se enfrentan a su propia realidad y al paso del tiempo que los condiciona. La identidad es tomada como una idea de construcción nacional pero con una connotación negativa que es completada y pisoteada por elementos extranjeros. Del mismo modo, quieren deslumbrar a los espectadores que ansían rearmar con sus respectivas enciclopedias una posible trama en vías de construcción. Por lo tanto, en la medida que pasa el tiempo se va armando y desarmando en el espectáculo hasta cumplir el tiempo estimado (65 minutos de duración), finaliza el juego, y con este el azar.

Quizás encuentren en los Café Tacvba, banda representante de la identidad chilanga (los de Ciudad de México) pero admirados en cada región de México, el regreso a la identidad para aferrarse aún más a sus raíces.


Ficha Técnica

Elenco: Rogerio Baruch, Karla Camarillo, Jorge Castillo, Miriam Cházaro, Alba Domínguez, Juana María Garza, Félix Lozano, Héctor Moraz, Luz María Ordiales, Carlos Ortega. Dramaturgia y Dirección: David Gaitán Escenografía: Tenzing Ortega Iluminación: Martha Benítez () Diseño de vestuario: Mario Marín del Río Diseño de movimiento: Ichi Balmori Diseño de video: Salvador Ruiz Musicalización y composición musical: Omar Medina Diseño gráfico: Yannaí Delgado Martínez Asistente de dirección: Yoruba Romero y Marisol Osegueda Promoción: Laura Andrade Apoyo logístico: José Luis González Producción ejecutiva: David Ike. Centro Cultural 25 de Mayo (Av. Triunvirato 4444). Sala Principal.