Bajo la adversidad, los artistas han respondido siempre con mucha fuerza y creatividad, bajo la dictadura vivida en nuestro país, por ejemplo, un festival de la canción en torno a la figura de Violeta Parra reunía a más de 300 participantes, cantores callejeros y poblacionales se hacían presentes, los fotógrafos registraban las marchas, los actos políticos, culturales y los múltiples abusos de las fuerzas armadas y policiales. Los actores junto con otros artistas se presentaron en universidades, parroquias, en la calle, juntas de vecinos, en verdad donde se pudo, la poesía en forma casi secreta se hizo presente impresa en fotocopias, incluso escritos a máquina o a mano, la danza activada también en todos los escenarios donde hubo quehacer artístico en nuestro país. Las “peñas folklóricas” se transformaron en verdaderas plataformas de lucha contra la tiranía que en nuestro caso duró 17 años. Todo era actividad cultural donde la sociedad parió a muchos artistas, seres solidarios, creativos y luchadores.

La alegría fue un eslogan que entusiasmó a todo un país, pero nunca llegó, sin embargo, los militares volvieron a sus cuarteles y se hicieron elecciones de autoridades civiles en quienes se confió para los cambios necesarios de nuestra sociedad, transformaciones que no se han realizado al día de hoy toda vez que una constitución concebida en dictadura aún nos tiene en veremos pasados 30 años de una mal llamada democracia, en este sentido, la clase política viendo sus beneficios al promover un sistema neoliberal dejó a los artistas con reglas mercantiles que también debieron ajustarse a esta democracia ofrecida, fueron consumidos por el más salvaje capitalismo, las dificultades para desenvolverse como un trabajador de las artes siempre tuvo presente muchas dificultades, a las que se les sumó una dictadura, un engaño de democracia y un sentido de competencia individualista que los mantuvo preocupados de sí mismos, olvidándose de la alegría, de la solidaridad y de la unidad de los gremios del arte, pero que finalmente y después de tolerar muchos abusos nuestra sociedad asume que esto debe cambiar y el estallido social se hace presente a mediados de octubre de 2019 para instalar una nueva constitución, un nuevo contrato social que represente de mejor manera la humanidad que se necesita para vivir en sociedad. Es, bajo este concepto que una vez más los artistas se sientan en mesas comunes para conversar y proponer los cambios que requiere el sector, muestra de ello fueron las reuniones masivas realizadas en nuestro sindicato SIDARTE (sindicato de actores y actrices de Chile).

Tanto los partidos de gobierno como de oposición resuelven “ceder” ante el fuerte clamor de la sociedad y proponen la alternativa de una votación para definir si se hace o no una nueva constitución, tema que se encuentra pendiente. La clase política acorralada no tiene más remedio frente a marchas que superaron el millón de personas en Santiago y muy masivas en las provincias.

Los trabajadores de las artes entendieron que era el momento de la unidad, cediendo y sobreponiendo los intereses del sector y del país por sobre los propios, los militantes o religiosos. Las propuestas se comenzaron a plantear por área y de forma muy progresiva hasta que nos encontramos con esta pandemia, las que nos relegó a nuestros domicilios bajo aislamiento.

Siempre ha existido la voluntad de cambiar y de mejorar, los artistas no somos ajenos a la vida, a la realidad circundante, el 80% de los actores y actrices de nuestro país no tienen casa propia, la salud depende de un sistema de protección que atiende según capacidad de pago, sin acceso a una jubilación digna, con una inseguridad laboral permanente, con necesidad de trabajar en múltiples labores ajenas a la profesión para poder subsistir, pero que no ha significado en ningún caso bajar los brazos, no pudo la dictadura, tampoco esta clase política que se olvidó de las necesidades de las personas y las artes, no podrá la pandemia que sin duda también vamos a superar, la vida y la lucha continúan.

Aunque el teatro es en un escenario y con público presente, la tecnología nos ayuda a mantenernos en contacto y a prepararnos para tomar el futuro en nuestras manos.